Ruth Benzacar galería de arte

Villa Crespo

Juan Ramírez de Velasco 1287, CABA, Buenos Aires

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Sobre la galería

Fundada en 1965 en Buenos Aires por Ruth Benzacar, la galería se ha consolidado como una de las instituciones más emblemáticas del arte contemporáneo en América Latina, dedicada a la promoción del arte argentino. Lo que comenzó en el living de su casa en el barrio de Caballito como un espacio de encuentro para artistas, críticos y coleccionistas, evolucionó a lo largo de seis décadas hasta convertirse en un actor clave en la escena artística global. Actualmente, bajo la dirección de Orly Benzacar y Mora Bacal, la galería continúa fomentando el diálogo intergeneracional y ampliando su proyección internacional.

Los inicios (1965 - 1982)
Nació en 1965 en el ph familiar de la calle Valle en Caballito, una “casa-galería” que cada quince días organizaba una terturia en torno a las obras. Reunía a artistas, críticos, escritores, músicos y el mundo en torno al Instituto Di Tella. Por aquí dan charlas artistas como Antonio Berni, Roberto Aizenberg, Juan Battle Planas, Juan Carlos Castagnino, Ernesto Deira, Jorge de la Vega, entre otros.

Desde sus inicios, Ruth Benzacar tuvo una visión clara: construir un mercado del arte contemporáneo en Argentina y proyectar su internacionalización. Un hito clave en esta dirección fue su incansable esfuerzo por mostrar el arte argentino en los principales circuitos globales, comenzando en 1966 con una proyección audiovisual con obras de 20 artistas argentinos en el MoMA de Nueva York con música de Astor Piazzolla.
En 1975, la familia y la galería se mudan a un piso señorial en la calle Talcahuano, donde inicia su etapa profesional y organiza cerca de treinta muestras individuales y colectivas: Libero Badii, Jacques Bedel, Luis F. Benedit, Mildred Burton, Juana Butler, Américo Castilla, Juan Carlos Distéfano, Raquel Forner, Noermí Gerstein, Norberto Gómez, Lea Lublin, Aldo Paparella, Emilio Renart, Antonio Seguí y Clorindo Testa, entre muchos otros.

Expansión y consolidación internacional (1983 - 2000)
El 10 de octubre de 1983, Ruth Benzacar inauguró la sede en Florida 1000, un amplio subsuelo ubicado bajo la Plaza San Martín. Descubierto por Pedro Roth, este espacio se convirtió en un enclave mítico para la escena artística local y albergó la galería durante tres décadas. La muestra inaugural, El Anti-Rinoceronte. Periódico Martín Fierro: Las primeras vanguardias, reunió una selección de grandes artistas argentinos y funcionó como una declaración de principios: la galería aspiraba a estar en la avanzada del arte.
En Florida 1000 se llevaron a cabo proyectos vinculados a la Nueva Figuración, el grupo CAyC y exposiciones individuales de artistas como Juan Battle Planas, Juan Pablo Renzi, Antonio Berni, Enio Iommi, Alejandro Puente, Víctor Grippo, Luis Benedit, Juan Carlos Distéfano y Josefina Robirosa. Durante este período, se consolidaron figuras como Liliana Porter y Alejandro Kuropatwa, mientras emergía una nueva generación de artistas, entre ellos Ernesto Ballesteros, Ana Gallardo, Jorge Macchi, Andrea Racciotti y Pablo Siquier.
Pionera en la internacionalización del arte argentino, la galería inició en 1988 su participación en ARCOmadrid, una presencia que mantiene hasta hoy. Durante este período, representó tanto a artistas consagrados como a nuevas voces del arte contemporáneo, incluyendo a Jorge Macchi, Pablo Suárez y Liliana Porter. En 1991, fue distinguida como una de las 200 Best Contemporary Art Galleries del mundo. Ese mismo año, Orly Benzacar asumió la dirección, apostando por una nueva generación de artistas emergentes y expandiendo aún más la proyección global de la galería.

Renovación y nuevas generaciones (2001 - 2014)
En 2002, con el objetivo de fomentar el talento emergente, la galería lanzó Curriculum 0, una plataforma que se convirtió en un semillero de nuevas voces del arte contemporáneo. Fue el primer espacio privado en impulsar esta dinámica, ofreciendo una oportunidad única: una muestra individual para artistas noveles de entre 15 y 30 años. Durante una década, el programa reveló a creadores como Adrián Villar Rojas, Daniela Luna, Matías Duville, Carlos Huffmann, Elena Dahn, Leopoldo Estol, Lila Siegrist, Estanislao Florido, Luciana Lamothe y Tomás Maglione, entre otros.
Ese mismo año, la galería se convirtió en la primera argentina en ser admitida en Art Basel Miami y, durante cinco ediciones, fue la única representante nacional. Posteriormente, amplió su presencia a Art Basel Suiza, Frieze Londres, FIAC París, Art Dubai y diversas ferias en América Latina, como São Paulo, México DF y Bogotá, consolidando su posición como un actor clave en la escena global.
En 2009, Mora Bacal se sumó a la dirección como codirectora, fortaleciendo una tradición de tres generaciones dedicadas al arte.
La galería también ha desempeñado un papel fundamental en la representación de Argentina en la Bienal de Venecia. Desde 2001, siete de los doce envíos nacionales han sido de artistas representados por la galería: Luciana Lamothe (2024), Mariana Telleria (2019), Juan Carlos Distéfano (2015), Adrián Villar Rojas (2011), Guillermo Kuitca (2007), Jorge Macchi (2005) y Leandro Erlich (2001). Además, otros artistas centrales de la galería, como León Ferrari (León de Oro, 2007), Liliana Porter y Ana Gallardo, han sido convocados por curadores de la Bienal.

Villa Crespo y el presente (2014 - hoy)
En 2014, la galería se trasladó a su actual sede en Villa Crespo, un amplio galpón de 650 metros cuadrados que permitió expandir las posibilidades expositivas y la producción artística. Con dos salas de exhibición y un área dedicada al archivo y la biblioteca, el nuevo espacio se inauguró con una muestra antológica de Liliana Porter.
Hoy, la galería representa a más de treinta artistas y mantiene su compromiso con la promoción del arte contemporáneo, fomentando el diálogo y el crecimiento de creadores, coleccionistas y la comunidad artística. Además, participa activamente en ferias internacionales, reafirmando su presencia en el circuito global.

Artistas representados

Roberto Aizenberg, Ernesto Ballesteros, Eduardo Basualdo, Delia Cancela , Chiachio & Giannone, Marina De Caro, Sofía Durrieu, Leandro Erlich, Ana Gallardo, Sebastián Gordín, Julio Grinblatt, Carlos Herrera, Carlos Huffmann, Guillermo Iuso, Daniel Joglar, Fabio Kacero, Guillermo Kuitca, Catalina León, Jazmín López, Jorge Macchi, Rómulo Macció, Tomás Maglione, Ulises Mazzucca, Andres Piña, Marie Orensanz, Liliana Porter, Francisca Rey, Florencia Rodríguez Giles, Miguel Rothschild, Tomás Saraceno, Alejandra Seeber, Pablo Siquier, Mariana Telleria, Stella Ticera, Adrián Villar Rojas

​Roberto Aizenberg

​Ernesto Ballesteros

​Eduardo Basualdo

​Chiachio & Giannone

​Marina de Caro

​Sebastian Gordin

​Carlos Herrera

​Carlos Huffmann

La obra de Huffmann condensa imaginarios híbridos en dibujos, pinturas, esculturas, instalaciones y textos. En algunas de sus piezas, el artista reutiliza desechos de maquinarias o elementos agrícolas, de manera que recupera no solo su valor material, sino que activa sus historias y energías: lo que antes estaba orientado a la producción pasa a ser un objeto artístico que instrumentaliza las fantasmagorías de su vida anterior. Construye objetos-amuleto y esculturas-tótem, y crea instalaciones que funcionan como escenarios rituales de una ecología chamánica que recicla generaciones de tecnología. Sus obras presentan historias construidas con diversas materialidades y procedimientos, entre arqueología y genealogía ficcional del pasado reciente. Puebla los horizontes ruteros, las plazas públicas o el cubo blanco de la galería con imágenes y situaciones en las que coexisten el caos y el orden, y la tecnología y la ruina. Su práctica encuentra una fructífera tensión entre la gran escala que domina sus exhibiciones y el laboratorio de investigación que son sus innumerables cuadernos, dibujos digitales y en papel, y sus intervenciones en revistas. En algunas de sus obras más paradigmáticas, transforma cosechadoras, autos de lujo o camiones de competencia en personajes protagonistas de escenas distópicas que sitúa en polvorientos paisajes patagónicos o en las pampas rastrojeras, como si se tratara de sets de rodaje de una ciencia ficción sudamericana y apócrifa. En las obras de Huffmann pueden leerse varias capas de sedimentación consolidadas en un ir y venir entre lo analógico y lo digital. Sus piezas reflexionan sobre la complejidad y las contradicciones de la imagen y sus indescifrables grados de verosimilitud en la vida contemporánea. A veces, en su producción, parte de fotografías tomadas por él mismo o extraídas de publicidades, y las interviene por medio de una pintura que abreva en la imaginería mass media y que Huffmann hace retornar desde diversas temporalidades: trazos del animé y los videojuegos, el píxel como unidad de sentido a inicios de los 2000, lemas punk escritos en inglés, huesos, calaveras, idealizaciones de consumos suntuarios y retratos casi entrañables de viejos modelos de hardware. A lo largo de su producción, Huffmann despliega una poética de la crisis permanente, en la cual los objetos obsoletos y fragmentarios se constituyen en metáforas de las existencias que subsisten y florecen en los márgenes del sistema tecnocrático, el cual se despliega por igual en los campos y en las urbes.

El jugador, 2013 Óleo e impresión inkjet 209 x 258 cm

​Guillermo Iuso

​Fabio Kacero

​Catalina León

En sus instalaciones, objetos y pinturas, León invita a establecer una conexión con lo trascendente. Indaga sobre cómo las imágenes y los símbolos acompañan los procesos humanos adentrando su obra, de manera inmersiva, en los campos de la astrología, la psicología, las religiones y los ritos. En la producción de León, las pinturas avanzan en todas las direcciones y se pliegan a soportes disímiles, como placas de yeso, maderas o telas: superficies casi siempre irregulares y fragmentarias. En ocasiones, sus pinturas se entremezclan con la tierra, las plantas y materias orgánicas. Otras veces, sus obras se exponen a la intemperie, a la convivencia con la artista, al caminar del público sobre ellas y al paso del tiempo. Esto último es clave en toda su producción, ya que funciona como brújula: temporalidades y situaciones otras buscan integrarse y responder a la vida. De esta manera, la obra de León siempre está en proceso y a veces se detiene para mostrarse al público. En sus pinturas, la artista cita fragmentos de obras de la historia del arte, en especial de la pintura italiana grutesca, de cuyos fondos y rincones rescata motivos ornamentales, personajes y fantasías arquitectónicas, a sabiendas de que en ese repertorio marginal se han guardado contenidos esotéricos a lo largo de la historia occidental. La naturaleza visual de la pintura de León es la de una selva de superposiciones de pinceladas y brochazos de colores. De entre ellos, emergen pequeñas figuraciones sueltas que requieren agudizar la vista para ser descubiertas entre la voluptuosidad de la obra. A veces, se suman bordados e incrustaciones de objetos o preguntas en primorosa cursiva que la artista le deja a la pintura como si fuera un oráculo. Algunas de sus obras, incluso, están compuestas por varias pinturas encimadas a las que antepone mantos de hojas de árbol cosidas. A partir de sus pinturas y otros elementos, la artista arma espacios para ser habitados por el público. Son instalaciones cargadas y ecosistémicas que envuelven a lx visitantx. León desarrolla una práctica y una producción que se podría decir rizomática. En ella confluyen la totalidad y la parte, múltiples temporalidades, lo íntimo y lo colectivo.

Sin título, 2011 Acrílico y lápiz de color sobre escombro de yeso

​Jorge Macchi

​Liliana Porter

Porter explora y pone en cuestión la concepción lineal del tiempo y los límites entre realidad y representación. El espacio blanco es una constante en su obra: un lugar atemporal y sin geografía donde realiza operaciones visuales y conceptuales. Sus obras tempranas exploran las posibilidades técnicas del grabado, el dibujo, la fotografía, y sus combinatorias, para presentar desafíos filosóficos a las nociones de reproductibilidad, originalidad y neutralidad de la hoja en blanco. Son piezas que desestabilizan los componentes esenciales de la representación —la línea y el plano— a partir de la incorporación de cosas “reales” que ocupan su lugar como el hilo, el clavo, la sombra o la arruga del papel. En su producción, el ejercicio de doblar o arrugar la hoja cobra centralidad al quedar registrado —grabado— en la obra. De esta manera, la acción del cuerpo de la artista y del espectadxr pasa a integrar el ahora desbaratado espacio de la representación. Más tarde, continúa la indagación sobre los mismos temas, pero invierte por completo los términos de su trabajo como si hiciera un ingreso por el extremo opuesto: la ficción. Incorpora a su práctica objetos inanimados, juguetes y figurines con los que compone escenas sobre el lienzo o sobre un estante, o que también registra en fotografías y videos. Los figurines adquieren entidad de personajes capaces de ofrecer una mirada donde lx espectadorx puede proyectar contenidos emocionales y afectivos. En distintas obras estos personajes aparecen manteniendo una conversación entre ellxs, emprendiendo tareas titánicas o atrapados en torbellinos de pintura. Son situaciones en pequeña escala que condensan una gran historia, reúnen el humor y la tragedia, el empeño y la destrucción. En los últimos años, Porter lleva sus escenas al teatro, donde reemplaza estos personajes por actores y actrices.

UNTITLED (WITH COASTERS), 2011 Acrílico y ensamble sobre tela

​Francisca Rey

Francisca Rey nació en el año 2000 en Buenos Aires, Argentina. Tras completar sus estudios secundarios, cursó en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y en Regina Espacio de Arte (REA). Durante los años 2019 y 2021, participó en el taller de análisis y producción dirigido por Valeria Rovatti. En 2021, realizó Manglar en la galería Acéfala. Desde el año 2022, asiste a clases de pintura y análisis impartidas por Héctor Maranesi. Ese mismo año fue seleccionada en la Edición Aniversario de Curriculum Cero de Ruth Benzacar Galería de Arte. En 2023, realizó clínica con Ernesto Ballesteros. Se sirve de sus propias experiencias para crear un imaginario de símbolos y códigos que exploran recuerdos, sueños, traumas, la tensión entre la luz y la sombra, el cuerpo y la muerte.Trabaja por instinto, para saciar la constante necesidad del hacer, para enfrentar la incertidumbre y la angustia que provoca el devenir. Desarolla su práctica con distintos materiales y herramientas: pintura, objetos, fotografía, video, dibujo, textil y joyería.

Nadie conoce este lugar como vos. De la serie Canción de cuna, 2023-2024 Hierro, cristal, bronce, mármol, dorado a la hoja

​Florencia Rodriguez Giles

Florencia Rodríguez Giles establece vasos comunicantes entre el dibujo y prácticas artísticas y terapéuticas. Su producción indaga en la expansión de la imaginación y la mutación de las formas de vida. En sus prácticas y performances, propone transitar estados previos a la individuación, entre el consciente y lo inconsciente, la vigilia y el sueño, donde el cuerpo y la psique se hacen plásticos. La artista trabaja con grupos de personas a quienes invita a alterar su organización perceptiva, afectiva y expresiva a través de una serie de ejercicios e instrucciones que pueden durar horas o meses. Cada una de estas experiencias funda una pequeña comunidad de convivencia más o menos transitoria. Durante estas exploraciones, el rostro de lxs participantes —la parte del cuerpo más reconocible e identificativa de todo sujetx— se esconde detrás de las máscaras, habilitando otro tipo de percepciones y sensaciones que favorecen al desconocimiento de unx mismx. Además, suelen utilizarse trajes, prótesis y materialidades blandas o viscosas. Los espacios pueden estar intervenidos con pinturas, esculturas o videos de la artista, además de música o diseños sonoros. Algunas de las propuestas que Rodríguez Giles desarrolla invitan a la siesta o al delirio colectivo. En ellas se reivindica la experiencia de soñar como producción de nuevas narrativas y escenarios de mundos posibles. La artista genera propuestas de exploración para el público y diluye los límites entre espectadorx y participante. En sus dibujos y procesos de diversas naturalezas, la artista sondea estados físicos y psíquicos y despliega así un profuso imaginario posthumano, ritualístico, fantástico u orgiástico.

Mascaras para Esquizo-Picnic, 2018 Resina, pintura al óleo, plumas.

​Tomás Saraceno

El trabajo de Saraceno se despliega en el cruce entre arte, arquitectura, ciencia, técnología y activismo. Sus propuestas buscan aportar conocimientos y experiencias colectivas para enfrentar algunas de las problemáticas más urgentes del presente. Sus proyectos llaman la atención sobre la necesidad de renovar estilos de vida e indagan sobre formas alternativas y sustentables de transporte, comunicación y habitabilidad. En ocasiones, despliega su obra fuera de los circuitos artísticos y tiene lugar en el espacio aéreo o en paisajes, como desiertos o salares, en diálogo con las comunidades locales. Sus exhibiciones suelen acercar a museos y galería propuestas radicales que modifican los usos tradicionales del espacio, involucrando al público en experiencias corporales desafiantes y de cooperación. Las obras también integran fenómenos fuera del rango de lo visible, como las vibraciones que producen cuerpos y materiales, o tienen como parte y destinatarixs a habitantes no-humanxs del lugar, como las arañas. En ese sentido, en cada proyecto, el artista trama un sistema orgánico de relaciones entre público y entorno para abrir canales de comunicación y sociabilidad que cruzan las fronteras entre sentidos y especies. Saraceno es un observador planetario que encuentra referencias formales y estéticas en fenómenos tan amplios como los ritmos de las corrientes de aire y las redes ecosistémicas que hacen a la atmósfera y la biosfera, integrándolos en su producción de manera plástica, escultórica, instalativa y también fotográfica. Trabaja junto con un enorme equipo de colaboradorxs para desarrollar investigaciones en conjunto desde distintos saberes, especialistas e instituciones científicas. Unión de utopía y posibilidad, la práctica artística de Saraceno expande los límites del arte contemporáneo al servicio de nuevos horizontes. De lo microscópico a lo cósmico, en esa intersección, sus intereses abarcan diversas áreas de estudio y acción que se entrelazan para diseñar e impulsar proyectos de transformación social y ambiental.

Altocumulus Albus Opacus, 2022 40 modules steel alloy, mirror panels, line.

​Mariana Telleria

​Ulises Mazzucca

​Adrian Villar Rojas